Unidad Venres Clínicos
“Decana de los Servicios de Psicología en una Universidad Española”
Principales resultados

En el laboratorio animal:

El modelo animal de anorexia basada en la actividad (ABA) reproduce los signos más objetivos del trastorno en humanos, como la pérdida de peso, la alimentación restrictiva y la hiperactividad; constituyendo una herramienta útil para comprender la interacción entre la dieta y el ejercicio. El origen de este modelo se remonta a la constatación, desde comienzos del siglo XX, del aumento paradójico de la actividad física en los animales privados de alimento descrito por Richter (1922).  La figura ilustra la demostración experimental de la modulación de la Temperatura ambiental sobre la pérdida de peso en ratas machos y hembras.  Una vez que los animales presentaban un 20% de pérdida de peso al incrementar la temperatura ambiental. Por el contrario, los animales mantenidos a temperatura estándar (21ºC) en el cien por cien de los casos siguen perdiendo peso y  tienen que ser retirados para evitar su muerte.  La relevancia de este hallazgo se comprende cuando se toma en consideración el hecho de que cuando un animal ha perdido más de un 20% de peso, sus capacidades de recuperación son nulas y pasan por suspender las condiciones experimentales, poner al animal en alimentación continua e impedirle el acceso a la rueda de actividad.  

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El principal hallazgo de este estudio realizado en Holanda fue el efecto significativo del la temperatura ambiental sobre la actividad física de adolescentes con anorexia nerviosa, los niveles de actividad de los pacientes son más elevados durante los meses fríos, independientemente de la insatisfacción corporal, el deseo de delgadez, la ansiedad o los niveles de depresión. La relación entre la temperatura ambiente y la actividad física  no estaba mediado por otros aspectos climáticos asociados a AT, como la duración del día o la estacion. Estos resultados apoyan la hipótesis termorregulatoria formulada para explicar la modulación de la TA sobre la actividad en ratas sometida a restricción de comida. Según esta hipótesis, el aumento de la actividad física durante los meses más fríos del año puede ser una respuesta adaptativa para compensar la hipotermia ante el déficit de aislamiento debido a la pérdida de peso corporal. Estos resultados desafían la extendida creencia de que la actividad física es sólo una mera pérdida de peso estrategia deliberada empleada por los pacientes con AN, y subraya la necesidad de revalorizar el papel de la hiperactividad en la AN como una clave biológicamente impulsado característica de la enfermedad.

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En el período de diez años del siglo 20 (1990-2000), la mayoría de las referencias para los seis trastonos se encuentra en el hemisferio norte, donde vive aproximadamente el 88% de la población mundial. El porcentaje de las referencias para la anorexia nerviosa (AN)  es muy similar al porcentaje de los dos trastornos asociados a altas latitudes en el Hemisferio Norte, los Trastornos Afectivos Esttacionales (SAD) y la Psoriasis (PSO), y significativamente mayor que la obtenida para los otros dos trastornos mentales, Esquizofrenia (SCHIZ) y Trastornos de Ansiedad (ANX) que a su vez recibían referencias en un porcentaje similar a las Cataratas (CAT), asociadas a bajas latitudes. Además, el 72% de las referencia a AN en el HN se concentran en una estrecha franja de 15 grados de latitud (rango 40º-55 º), un porcentaje significativamente mayor que los obtenidos para CAT, ANX y SCHIZ. Además, los porcentajes de referencias en el HN a la AN sólo difieren significativamente de los porcentajes de PSO en latitudes más altas (54 º -64 º N), pero no hubo diferencias en otras latitudes. Esta similitud en la distribución de las referencias a la AN con un trastorno como el PSO, que se sabe están asociados con la luz solar reducida en latitudes más altas, probablemente es más que una coincidencia y vuele a poner sobre la mesa la estrecha relación entre la temperatura ambiental y la incidencia de la AN. La naturaleza de esta relación trata de explicar  por qué la incidencia y la prevalencia de anorexia nerviosa no están distribuidas equitativamente a través de las diferentes latitudes. Al menos, los estudios epidemiológicos publicados sólo cubren áreas fuera de los trópicos, y en general implican poblaciones por encima de la latitud 40º, en el hemisferio norte. Esas áreas geográficas sobre el paralelo 40º N, comparten características diversas, algunas de las cuales se resumen bajo el paraguas de la "cultura occidental", lo cual permite a la anorexia nerviosa ser conceptuada como un síndrome ligado a la cultura. Sin embargo, esas áreas geográficas en las que la incidencia de la anorexia nerviosa es mayor,  además de compartir una misma cultura, también comparten elementos climáticos como la temperatura, la intensidad y duración de la radiación solar. Quizás la anorexia nerviosa, después de todo, no sea sólo, o exclusivamente, un síndrome ligado a la cultura, sino también un síndrome ligado a la latitud y a los aspectos climáticos inherentes a ella, como la temperatura ambiental. Nuestros primeros datos parecen dibujar esta posibilidad que ya fue apuntada en un escueto comentario aparecido en The Lancet en 1888 donde se mencionaba el hecho de que la mayoría de los casos fueran registrados durante los meses de invierno quizás fuera más que una coincidencia.

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